EL SECRETO

EL SECRETO

Cuando era un niño un anciano amigo me prestó un libro de Joaquín Agut sobre la pesca de la trucha. Recuerdo que agradecí su lectura porque era amena y fácilmente comprensible, tenía dibujos sobre la pesca, el río y el pescador, pero lo que me encantó y me absorbió por completo fue la atmósfera en que todo estaba envuelto. Mientras lo leía (fue el primer libro que leí entero a los 10 años de edad) podía sentir y ver el río y percibir como era capaz de pescar una hermosa trucha. Leer aquel libro en aquel verano fue fantástico, iba con él a todas partes de la casa en que pasábamos el verano con mis padres. Leía y luego miraba absorto el dibujo de la trucha de la portada. Era una preciosa trucha marrón con sus pintas rojas casi iridiscentes al lado de una vieja caña de mosca; era asombroso que existiera algo así, o aún mejor, una combinación de ambas, un pez encantador y un precioso y enigmático instrumento especialmente diseñado para capturar vivo a ese pez. Sensacional!

 

En los primeros años nadie me enseño a pescar truchas. Nadie. Tuve que aprenderlo todo por mí mismo, a base de fracasos y de mucha constancia y observación. Fui bastante aplicado. Compraba libros cuando podía y los leía con mucha atención, algunas revistas, como la revista Caza y Pesca donde en cada número había una columna a base de dibujos con una pequeña explicación al pié de estos donde se mostraba algún aspecto interesante, un truco o un pequeño secreto en la pesca. Recuerdo muy bien al autor de esos dibujos y también de sus libros: Emilio Fernández Román, al que tuve la gran suerte de conocer mucho tiempo después en un viaje a la capital española y que tuvo la bondad de regalarme varios libros y dedicarme algunos.

 

Cuando estaba en la ciudad lejos de mis queridos paisajes era cuando más leía y recordaba. Preparaba las próximas salidas aún lejanas con gran ilusión. Era como un bálsamo que en modo alguno calmaba mis ansias de volver allí para estar envuelto de nuevo de toda aquella atmósfera tan vital, tan calmada y especial. Desde luego si algo merecía ser vivido en profundidad era todo aquello.

 

A menudo en los libros y revistas aparecía la palabra “secreto” o “los secretos”. Fulano de tal pesca muchas truchas…tiene un secreto…O bien, aquel pescador del pueblo pesca siempre porque tiene un secreto, y así…

 

En la armería de mi ciudad también se escuchaba la misma historia, sobre aquel pescador que pescaba lo increíble, porque tenía como no, un secreto, o el río secreto perdido en las montañas donde se capturan unas truchas preciosas de un tamaño excepcional y de un “bouquet” exquisito. Y esta era la forma habitual de describir y justificar sus éxitos constantes en la pesca de la trucha. Métodos y ríos secretos, vamos, el no va más.

 

Por supuesto nunca creí nada de todo aquello.

 

Años más tarde fui a pescar muchas veces con Pere Bach, Josep “Xinco” e Isidoro Martinez. Todos eran pescadores locales que conocían el río a la perfección y sabían cómo pescar en cualquier circunstancia y condición. Casi siempre pescaban muchas truchas y algunos ejemplares de exposición. Eran todos unos pescadores increíbles que además se convirtieron en entrañables amigos míos.

Como era de esperar ninguno de ellos tenía ningún secreto, ni pescaba en ningún río secreto ni nada semejante. Lo único que les diferenciaba de los demás, lo que los distinguía, era que les gustaba lo que hacían, lo amaban tanto como yo. Por lo tanto iban a pescar siempre que podían y además tenían la suerte de vivir al lado del mismo río que pescaban. Eso era todo. No había un cebo especial, ni caña especial ni siquiera un método especial. Todo era pura lógica, y mucha práctica y observación. Nada más, pero tampoco fue fácil aprender. Vino con los años y dedicándole muchas horas, que siempre fueron gastadas con gusto y con grandes dosis de paciencia y observación. Eso fue todo.

 

Y a medida que fui convirtiéndome en un buen pescador mis entrañables amigos fueron desapareciendo, primero de la atmósfera del río y después de la propia vida. Así que cuando alguna vez aún oigo, - aquel pescador tiene un secreto- no puedo más que recordar aquellos tiempos con un gran cariño y nostalgia, de todos aquellos que conocí y todo lo que aprendí envuelto en aquella atmósfera azul y viva en un suelo cubierto de piedras y guijarros.

 

El secreto no es tal, el secreto eres tú y todas las cosas que tendrás la suerte de descubrir y experimentar, el río te las irá mostrando poco a poco, lo único que debes hacer es visitarle con frecuencia, tener paciencia y amar lo que haces. Eso es todo.

 

~ Carles V.

 

 

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