COMO PESCAR GRANDES EJEMPLARES 1ª PARTE

Partiendo de la base que una trucha de 45 cm ya es un buen pez y que las truchas de más de 60 cm son un trofeo, podemos afirmar en ambos casos que se trata de peces muy buenos y que alegran la vida a cualquier pescador a mosca.

 Yo pocas veces pesco a streamer o mosca nadadora, porque no me divierte tanto como la mosca seca o la ninfa, aunque las posibilidades de clavar un gran pez con esta mosca gigante es alta y tal vez sea la más productiva de las modalidades de pesca a mosca.

 Yo suelo pescar a mosca seca y a ninfa casi siempre. A veces utilizo como recurso la mosca ahogada, pero solo durante un rato porque me aburro pescando aguas abajo. Esta es otra modalidad que puede ser muy productiva para pescar truchas grandes.

 Lo primero que hay que saber cuándo se quiere pescar un buen pez es que el río donde se pesca tiene una población de truchas que llegan a tamaños considerables. Esto es vital, ya que aunque cualquier río por modesto que sea puede esconder un gran trofeo, es más fácil pescarlo si las aguas en cuestión contienen un buen número de estos. En principio todos los grandes ríos y más aún, allí donde la pesca se cuida especialmente prohibiendo dar muerte a los peces capturados, tienen un buen número de truchas de buen tamaño.

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Hay que empezar prospectando una zona que nos guste pescar y donde se vislumbre que puede tener buenas piezas. Las zonas mejores son obviamente los pozos, cuando más anchos y profundos mejor, pero cualquier pozo mediano sirve para esconder uno o varios buenos ejemplares. Las truchas como todos los animales se reparten uniformemente por todo el río, con dos imperativos: disponibilidad de alimento y refugio. Las tablas profundas es decir el agua profunda de un metro a tres metros también cobija muchas truchas grandes, más aún si esta tapizada de ovas y hierbas acuáticas. Por último las corrientes fuertes también tienen grandes ejemplares en sus orillas y sobre todo si estas están bien protegidas por grandes piedras, troncos, orillas inaccesibles o simplemente el muro de una vieja fábrica o el talud de piedra de una carretera.

 Para pescar no hay que correr ni tener prisa. Las prisas y los nervios son los peores enemigos del pescador a mosca. La calma, la observación, el temple y la cautela son sus mejores aliados. No pasa nada si nos hemos olvidado la ninfa tal o la mosca cual, las truchas son insectívoras natas y con escasos modelos de ninfas o moscas secas podemos capturar un ejemplar realmente bueno. Tampoco hay que darle vueltas con el hilo número tal, o marca cual porque si no no va a picar. En principio cualquier hilo de cualquier marca sirve mientras tenga una resistencia más o menos adecuada para soportar la pelea con una trucha grande y resabiada. Los números de hilo con los que más truchas grandes he pescado son del 12 al 16. Pescar una trucha grande de más de 60 cm también es cuestión de tener un poco de suerte de lo que haga el pez. Hay peces tan resabiados y cautelosos, que solo al verse clavados emprenden una rápida y rabiosa huida a su refugio más cercano. Una vez en su refugio va resultar extremadamente difícil sacarla de el. Hay que saber que una trucha grande, conoce perfectamente todo el entorno donde vive, por ejemplo, la poza. Conoce al dedillo cada piedra, cada tronco sumergido y cualquier obstáculo porque durante sus devaneos en las profundidades ya sean diurnos o nocturnos recorre la zona en busca de alimento, ya sean larvas

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de insectos o cuando se dedica a la caza de otros peces. Si vemos pequeños peces saltar huyendo de algo cerca de la orilla, se trata de un ataque de una gran trucha que está tratando de atrapar algunos para llenar su estómago.

 La caña de mosca debe ser un tanto robusta. Las cañas endebles que doblan con facilidad, protegen mejor los hilos finos pero tienen el gran inconveniente que cuesta lo suyo dominar con comodidad un gran pez. Una caña del número 5 o 6 es ideal para pescar a mosca y nos ayudará a dominar grandes truchas a condición que su acción sea media como mínimo, y aún mucho mejor si tiene una acción media-rápida o progresiva. Las cañas de acciones rápidas son también muy adecuadas para la pesca de estos grandes ejemplares.

 Pescar en un gran río como el Segre en su parte media exige una caña que nos dé plenas garantías, tanto en longitud como en su acción. Esto es muy importante, porque no es lo mismo pescar en un río mediano o pequeño que un gran río, que nunca es vadeable totalmente, solo en parte y por lo tanto no podemos ir detrás de un pez que se refugia en una corriente profunda o que simplemente está en la otra orilla del pozo que es muy hondo. Estas capturas exigen ser trabajadas directamente con la caña y el carrete manual con un freno decente, que es como un pescador de mosca debe realizar sus capturas, a base de pericia y técnica, y no saltando y corriendo dentro del río persiguiendo la trucha como si se tratase de un perro que tira de la correa y su dueño va detrás de este porque no puede sujetarlo. Para esto está la caña y el carrete y por supuesto el hilo y la pericia del pescador. Es decir, exige un conocimiento profundo de lo que se está haciendo. Todo esto viene con la práctica y esta con los disgustos y contrariedades con que nos obsequia la pesca.

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 Una vez prospectado el lugar en cuestión, hay que pensar donde puede estar o cebarse en algún momento una buena pieza. Hay que mirar y observar bien y despacio. Mirar y observar detenidamente un pozo, también es pescar. Hay que lanzar el cebo cuando tengamos la certeza que lo que estamos haciendo nos favorece y que por el contrario no espante a las futuras piezas que pretendemos cobrar. El otro día estaba sentado contemplando la corriente que daba agua a un enorme poza. La verdad es que no le faltaba de nada. Árboles tumbados en la orilla opuesta, piedras grandes en el curso de la corriente principal, venas de agua repartidas, orillas escarpadas y profundas y por último a escasos metros de donde estaba sentado, una playita de pequeñas rocas sobresaliendo en la superficie. La profundidad era tan escasa que no debía sobrepasar en el mejor de los casos el palmo. Mirando esas rocas, advertí al poco rato la cola de una gran trucha. El animal recorría la circunferencia de cada piedra en busca de ninfas que levantaba de los bordes de estas. Cuando no mostraba su cola, enseñaba de vez en cuando su aleta dorsal. Todo esto lo hacía muy despacio y de forma muy concienzuda, así estuvo haciéndolo durante media hora y en un recorrido de 25 mts, río arriba. Lanzar la mosca en estas condiciones es muy aventurado y lo que vamos a provocar solo con pisar el agua es la rápida huida del pez y además el estado de alerta en que va a poner  todo el sector. Lo mejor es dejarlo tranquilo, esperando a mejor hora para que se situe.

Un pez cuando es grande no es por casualidad. Ha llegado a este tamaño porque ha conseguido zafarse de engaños de pescadores y de enemigos brutales como la nutria o el cormorán. Al menor ruido, sombra o simplemente cualquier cosa que altere lo más mínimo su ritmo normal, dará lugar a la espantada.

 

~  Carles V.

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