EL ENFERMO

La pesca es fundamentalmente una gran distracción a la que se une una gran pasión por la naturaleza el río y sus peces. El inigualable ambiente del río y su entorno, la búsqueda y el apresamiento de los peces que viven en él, el rumor de la corriente, el tránsito por los senderos en la ribera hacen de la salida de pesca un agradabilísimo paseo, una búsqueda apasionada de las cebas de las truchas para intentar su captura. Es una aventura maravillosa que podemos repetir muchas veces y en diferentes ríos, regiones e incluso países; esto es ya de por sí solo ilusionante y hace que nuestra imaginación vuele a todos estos lugares incluso sin haberlos visitado nunca. La pesca nos hace viajar constantemente y conocer a otros pescadores y personas que se relacionan directamente con nuestro viaje de pesca, todo esto es maravilloso y llena nuestro espíritu de una energía estupenda. Es más es necesario repetirlo porque es bueno ya que libera a la mente de los problemas cotidianos, el estrés y procura a nuestro cuerpo un ejercicio continuado.

Uno llega a casa reventado pero con la mente despejada y una tranquilidad de espíritu insospechadas por el profano en pesca a mosca.

Todo esto está muy bien y es muy recomendable para todo el mundo que le guste el deporte y la vida al aire libre, ya sea la pesca, la caza, búsqueda de setas, fotografía, senderismo y un largo etc…

El problema de esto viene cuando se convierte en una obsesión y en dejar de un lado todo lo demás haciendo que la pesca sea la única cosa en nuestra vida por la que luchamos. Esto es un gravísimo error ya que con el tiempo se convierte en una auténtica enfermedad que hace que el individuo se centre solamente en pescar y que su vida solo tenga sentido si pesca constantemente sin importarle nada más.

Hace años conocí a un pescador de truchas y salmones al que ya por aquel entonces tenía una afición desmesurada. El hombre había viajado por todo el mundo pescando todos los salmónidos existentes, viajaba constantemente a Argentina, Chile, Nueva Zelanda, Canadá y había recorrido toda Europa pescando. Esto en principio puede parecer maravilloso y de hecho lo es, pero con el tiempo este pescador había quedado prisionero de su propia afición convirtiéndola en una obsesión enfermiza.

De este modo este hombre vendió su próspero negocio en la ciudad para dedicarse solamente a pescar, se divorció y conoció a otra mujer a la que solo veía de vez en cuando entre sus constantes viajes de pesca. También se olvidó de sus hijos/as a los que dejó de ver porque le habían dejado de importar, ya que en su mente sólo cabía pescar.

Cuando lo vi este año, estaba bastante cambiado. Estaba solamente preocupado en pescar la mayor cantidad posible de truchas y traía en el coche un auténtico arsenal de cañas, carretes y moscas en el maletero y en el asiento trasero.

Al hablar los dientes le rechinaban, su mirada era la de un hombre perdido en un submundo del que no quería salir, pero lo peor o al menos eso pienso, es que no sabe que está preso en él. Estuvo varios días seguidos pescando hasta que consiguió, según él, los peces que deseaba y después se marchó para ir a pescar a otra región y a otros ríos. Cuando vino aquí ya venía también de pescar dos semanas en no sé dónde. Me dijo que cada mes destinaba una cantidad asombrosa de dinero para pescar y para financiar todos los viajes y salidas y que en invierno seguía pescando en otras latitudes.

Entonces?, le pregunté… que hay de tus hijos y tu mujer?.

No le importaban, el dinero solo era para él y su pesca. Pescaba prácticamente sólo y no tenía amigos ya que según él no le trataban bien.

Lo que más me sorprendió de todo es que además de no importarle nada más que él mismo y su pesca había perdido totalmente la perspectiva del río y su ambiente. Lo miraba con la única intención de saber cómo sacar partido de él, sin querer ver nada más. Observamos a un corzo bebiendo en la orilla y lo ahuyentó porque dijo que le estorbaba en la pesca. Al final del día me comentó que había calculado minuciosamente el dinero que necesitaría para seguir pescando mientras viviera y que era lo único que le importaba. Que desastre pensé. Sin familia ni amigos y sólo con esta obsesión no sé cómo acabará todo. En cierta forma me dio lástima pero por otra parte pensé que se trataba de un individuo tóxico y de compañía poco o nada recomendable para nadie.

La pesca como la caza y cualquier afición apasionada en la vida puede contribuir enormemente a la realización personal y proporcionar una gran cantidad de ilusión y sanas satisfacciones pero lo peligroso es dejar que se convierta en el único sentido de nuestra vida, en una obsesión enfermiza que nos aleje de la realidad que nos haga perder totalmente la perspectiva de nuestra propia vida ignorando a nuestros seres más queridos, la amistad, el amor y nuestro propio trabajo, olvidándonos de todo aquello que nos rodea y que es vital para ser nosotros mismos.

“La vida es aquello que pasa por nuestro lado mientras hacemos otras cosas”

~Carles V.

 

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